Pesadilla en el metro

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En Marioneta Digital no nos sentimos unos delincuentes. Cumplimos nuestras obligaciones como ciudadanos y creemos respetar todas las normas básicas de convivencia ciudadana. Sin embargo, en algunas ocasiones, a uno le dan ganas de pasar absolutamente de ellas.

El caso que vamos a contar es verídico y seguro que a alguno de ustedes le ha ocurrido lo mismo o algo similar. Imaginen: Son las 7 de la mañana de un lunes cualquiera. Uno baja las escaleras del Metro de Madrid para recargar su flamante abono mensual que funciona por contacto, saca la tarjeta de crédito para pagar porque apenas lleva unos céntimos en la cartera y, ¡sorpresa!, una de las máquinas está ‘fuera de servicio’ y las otras dos (que además aclaran que sólo aceptan dinero en efectivo) no sirven para recargar la nueva tarjeta abono transporte. ¿Y para qué narices queremos tanta tecnología si no funciona?

“Pues oye, habla con un trabajador de los del metro”, pensarán ustedes. Sin embargo, el único trabajador de la estación es un interfono amarillo que sirve para comunicarse con una trabajadora que está a 1.000 metros de dónde se la necesita y que da a la ‘víctima’ la opción de comprar un billete sencillo (e ir al banco para sacar dinero porque tampoco se puede pagar con tarjeta, cambiar el billete que nos dé el cajero en un bar próximo para que la máquina no nos devuelva nueve monedas de dos euros, etc) o de acudir a otra estación que se encuentra a un kilómetro. Es decir, la alternativa es pagar más de 1,5 euros y tener que recargar el abono en otra estación o darse un paseo para conseguir el objetivo y llegar tarde.

Recomendación: ¿Colarse o perder el tiempo por culpa de una mala gestión y un deficiente servicio?. Es lo que tiene sacar a bombo y platillo una tarjeta que se recarga sólo en las estaciones del suburbano, en determinadas máquinas que en muchos casos no funcionan o lo hacen de forma parcial, y es lo que pasa cuando el Gobierno recorta en personal y en medios.

El problema es que este caso no es aislado y puede extrapolarse a otros escenarios...Es sólo un ejemplo de los recortes que nos afectan a todos. 

Un pensamiento en “Pesadilla en el metro

  1. Jose Antonio
    21 enero, 2014 a las 8:46

    Esta claro que cada vez resulta más complicado al ciudadano cumplir con sus obligaciones cotidianas. Las nuevas tecnologías son, por esencia, útiles, pero siempre y cuando se encuentren sometidas a un mantenimiento eficaz, por parte de sus responsables, que permita su funcionamiento en todo momento; de no ser así, la modernidad que pretenden representar se convierte en una rémora dificil de asumir, que solo produce problemas colaterales y que en lugar de dar ayuda entorpece. Buenos días , queridos amigos, de TOÑO.

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